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Empieza una nueva década trabajando el desapego

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Empieza una nueva década trabajando el desapego

En este año 2020 que marca el inicio de una nueva década, podemos proponernos distintas metas, buscando superarnos como personas, en nuestro quehacer personal y laboral.

Si pudiéramos enfocarnos en aprender a conocernos a nosotros mismos, comprenderíamos la importante relación entre el cuerpo, las emociones y la mente, que en armonía con dedicación y compromiso, puede permitirnos disfrutar de una vida más tranquila y adquirir una mayor conciencia sobre lo que nos rodea.

Hay personas que viven por muchos años sólo desde el ámbito racional, interpretando el mundo a través del tacto, el olfato, la vista, el gusto y la audición. Si algo está fuera de ese contexto, prácticamente no existe, o es irrelevante. En occidente, las principales metas y objetivos están motivados por el rendimiento y éxito laboral, y por el logro y adquisiciones de bienes y aspectos primordialmente relacionados al plano material. Muchas veces, esto conlleva a que se repriman emociones como la compasión y la empatía. Los apegos terminan confinando a muchas personas a vivir cautivas y alejadas de la verdadera felicidad.

Para distintas filosofías milenarias, la liberación del sufrimiento ocurre cuando ponemos fin a nuestros apegos por las cosas materiales, superfluas y temporales de la existencia. Sin embargo, los deseos y los apegos son parte de la vida misma; sin esa fuerza no podríamos realizar nuestra inspiración artística, triunfar en los negocios, emprender nuevos proyectos, amar e ilusionarnos. La clave está en buscar el equilibrio que nos permita poner en práctica el ejercicio del desapego cuando realmente nuestro equilibrio mental y físico lo necesitan. Al lograr desapegarnos dejamos de invertir nuestra energía emocional y mental en alimentar búsquedas de control, manipulación, logros sin medida, entre otros.

Buscar la paz interior, la conciliación, la armonía, la serenidad, la compasión y la amabilidad hacia nosotros mismos y los demás nos ayudan a ejercitarnos en el desapego. La práctica de la meditación también fortalece esta búsqueda. Así, podemos ir renunciando a tener siempre la razón y transformar estos sentimientos en el amor hacia nosotros mismos, el cual se manifiesta en dar más que en recibir, pues en la medida que nos entregamos a los demás, en esa medida recibimos una nueva y renovada energía positiva.

Para Ángela Arancibia, “el desapego hoy en día lo podemos practicar cotidianamente en nuestra vida, simplemente a través de la auto-observación de nuestro estado emocional para tomar conciencia de lo que nos está inquietando y realizar alguna acción que nos serene, así como también el hacer ciertas declaraciones que nos permitan poner límites diciendo no a algunas peticiones o alcanzar un estado de paz perdonando para soltar el resentimiento.

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Valentina Oyaneder

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