Acceso clientes

Subir

“El nosotros y el yo”, por el coach Alberto Álvaro Egaña

Mediale / Coaching  / “El nosotros y el yo”, por el coach Alberto Álvaro Egaña

“El nosotros y el yo”, por el coach Alberto Álvaro Egaña

En los últimos años, el coaching de equipos ha adquirido una gran importancia y presencia en la vida de las empresas como una herramienta de gestión eficaz, y ha convertido esta disciplina en una de las referencias de excelencia e innovación empresarial.

Sin embargo, como todas las “disciplinas jóvenes”, se reinterpretan y se reinventan continuamente, debatiendo tanto su metodología y sus sistemas de evaluación, como su sentido, su alcance, sus espacios y sus ámbitos.

Suelen ser debates ricos que nutren de nuevas ideas y posibilidades. De las definiciones más completas que he encontrado me quedo con esta: El coaching de equipos es un proceso de acompañamiento a un equipo de personas en la consecución de sus objetivos a través de acciones que fomentan la cooperación entre sus miembros, apoyándoles a revisar y mejorar sus relaciones, sus procesos de trabajo y valores, desde una mirada sistémica, no individual.

Esta rama del coaching no deja de ser un intento, una propuesta para conseguir que el equipo funcione mejor, así de simple y así de complicado. El coach no trabaja con las individualidades del equipo, sino con el equipo como sistema, esa es su mirada y esa es “su preocupación”: el nivel de salud de su red
relacional.

Déjenme utilizar un cuento que ilustra “el corazón” que mueve este planteamiento; es un relato inofensivo y metafórico, pero traslada muy bien la esencia de lo que quiero poner en valor. El cuento se llama “asamblea en la carpintería”:

“Cuentan que en la carpintería hubo una vez una extraña asamblea. Fue una reunión de herramientas para arreglar sus diferencias. El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar. ¿La causa? ¡hacía demasiado ruido!. Y, además, se pasaba todo el tiempo golpeando. El martillo aceptó su culpa, pero pidió que también fuera expulsado el tornillo; dijo que había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo. Ante el ataque, el tornillo acepto también, pero a su vez pidió la expulsión de la lija; hizo ver que era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás. Y la lija, estuvo de acuerdo, a condición de que fuera expulsado el metro que siempre se la pasaba midiendo los demás, como si fuera único perfecto.
En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo. Utilizó el martillo, la lija, el metro y el tornillo. Finalmente, la tosca madera inicial se convirtió en un lindo juego de ajedrez. Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación. 

Fue entonces cuando tomó la palabra el serrucho y dijo: “Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestros puntos malos y concentrémonos en la utilidad de nuestros puntos buenos”. La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la lija era especial para afinar y limar asperezas y observaron que el metro era preciso y exacto. Se sintieron entonces un equipo capaz de producir y hacer cosas de calidad. Se sintieron orgullosos de sus fortalezas y de trabajar juntos”.

Mucho más complicados que los personajes de este cuento somos las personas: más pendientes de lo que hacemos mal o de aquello en lo que somos incompetentes, que las cosas en las que aportamos valor y hacemos bien.

Esta capacidad para “leer la realidad” desde un punto de vista pesimista que está especializada en encontrar nuestros defectos es mucho más común de lo que creemos. Aprender a ver cualidades, donde los demás ven sólo defectos, no es lo más habitual. El primer paso para empezar a cambiar esta mirada es entender que uno mismo tiene defectos y fortalezas.

La contaminación en las relaciones entre compañeros y la dificultad para percibir su potencial y sus puntos fuertes es una de las claves para entender el papel que juega el coaching de equipos, que contribuye a construir una mirada de equipo desde otro lugar, más expansivo, más honesto, más positivo y que permite a sus integrantes un desarrollo individual alto y una actitud hacia sus compañeros más gratificante, plena y
eficaz, donde “hacerse cargo” del éxito del equipo se vive como un éxito personal y descubren que “el nosotros” es más poderoso que “el yo”, al igual que se ilustra en el cuento.

Quiero cerrar este artículo con una reflexión de Humberto Maturana, el cual aborda la esencia del sistema: “Tengo que aceptar que cuando hay una discrepancia con otro, el otro se encuentra moviéndose en un espacio de coherencia experiencial tan válido como el mío, aunque sea diferente”.

Autor: Alberto Álvaro Egaña, Coach Senior PCC

Mediale

Sin comentarios

Lo sentimos, el formulario de comentarios esta cerrado.